Está de moda ser joven y yo siento una vez más, la ciento y un mil en mi vida, que voy a contrapié, porque ni soy una veinteañera ni lo pretendo. De hecho, si se me apareciera el genio de la lámpara maravillosa tengo en mente millones de cosas que pedirle, pero entre éstas no estaría un elixir de eterna juventud.
Porque ser joven es maravilloso y lo es, quizá, porque se acaba. Sin embargo, si hay una edad del pavo de la que habitualmente uno se avergüenza, los hechos y dichos de la juventud no son todos precisamente para estar orgullosos.
Uno se equivoca toda la vida, pero mucho menos conforme va cumpliendo años.
Pero se ha puesto de moda ser joven, como si se pudiera elegir o comprar y como si ello fuera la garantía única para el éxito de una empresa o proyecto. De hecho, el otro día me llegó una oferta de trabajo de ‘Responsable de comunicación’, ojo, ‘responsable’ y se ofrecía contrato inicial de prácticas no laborales para menores de 25 años, pasando luego a contrato en prácticas, o contrato inicial de prácticas laborales para menores de 30 años. Muy inteligente dejar en manos de un joven inexperto la imagen de una empresa. Yo creo, de verdad, que cuando se habla de comunicación nadie sabe ni lo qué es ni lo qué significa ni mucho menos su trascendencia.
Pero esto al final es decisión de una empresa privada y allá ésta con su reputación. Sin embargo, a lo que voy es que observo entre asombrada y preocupada la selección de muchos jóvenes para dirigir departamentos en las administraciones públicas después de las últimas elecciones municipales y autonómicas. De entrada, rejuvenecer, refrescar, incluso animar las instituciones con cachorros no tiene por qué ser malo, pero sinceramente, aunque no seamos Grecia, no estamos para desviarnos ni jugar ni hacer experimentos con gaseosa. La experiencia es un grado, y cuando lo que hacen falta son gestores inteligentes, no listos, espabilados o ambiciosos, sólo inteligentes, a lo mejor, sólo a lo mejor, es necesario echar mano de los que tienen demostrada una larga experiencia y conocimiento.
Máxime cuando los jóvenes colocados son, desgraciadamente en muchos casos, hijos de padres a quienes los partidos les están muy agradecidos por una u otra causa. ¡Pues que les manden una cesta por Navidad!
No obstante, como la generalización es síntoma de estupidez, he de reconocer que he trabajado y conocido a jóvenes de una gran capacidad. Para uno malo que me ha salido, había dos cuya labor era encomiable. Así que ganan por goleada los buenos, pero claro estos no tenían responsabilidades políticas. El que salió rana, sí.
Creo firmemente que es necesario mirar los curriculum con lupa, igual que en la empresa privada, bueno no, más, para ostentar cargo, porque luego los ves que se tambalean, como cuando una niña de corta edad se pone los tacones de su madre. Es necesaria la formación, los idiomas (aunque en la administración ser amigo o afín ya tiene categoría de máster), pero también la experiencia, mucha experiencia, pero claro, lo digo yo, que no soy una veinteañera, ni lo pretendo.
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