sábado, 13 de febrero de 2016

Versionando

Si nos detenemos un momento, nos daremos cuenta de que todo tiene al menos dos versiones, incluido el amor. No es sólo porque seamos distintos en este mundo de la globalización que nos intenta convertir en manada, sino porque hay titiriteros, de los que nunca jamás van a la cárcel, que nos manipulan en silencio y a oscuras. Así que, dependiendo del marionetista de turno, cada cual se muestra con una versión diferente de lo que nos acontece.
Se nos llena la boca al hablar de que la justicia es igual para todos, algo que nos creemos ahora más porque estamos viendo a la Infanta Cristina de Borbón en el banquillo, pero es mentira. La justicia no es igual para todos porque depende del juez y del abogado que te toque en suerte, cada uno con su versión distinta y a veces distante de la justicia.
En estos días de enorme polémica por el encarcelamiento de unos titiriteros que, según la versión del juez, practicaron en su obra enaltecimiento del terrorismo, obviamos, porque ni nos acordamos ni nos interesa, la cantidad ingente de canalladas que soltamos por nuestra boca en las redes sociales o donde nos venga bien y que no se llamarán enaltecimiento del terrorismo, pero es violencia y agresión, aunque según nuestra versión estamos practicando la libertad de expresión, y además lo que decimos es verdad, pero una verdad versionada.
Y así aplaudimos e incluso admiramos inmensas burradas de burros que no han pensado en lo que dicen porque lo de pensar les viene grande. Si no, ¿por qué dejamos pasar voces que comparan a nuevos políticos con los agentes de las SS nazis? Debe ser porque estos no practicaron la violencia ni provocaron una sola muerte, según la versión de la historia que hayan leído, si es que saben leer.
Si vamos a encarcelar a todos aquellos a quienes se les vaya la boca y a aquellos cuya libertad de expresión puede ser tildada de terrorismo, arduo trabajo tenemos por delante. Habrá que empezar por ir nombrando censor. Mira, con la gente que hay en busca de trabajo, hasta podría resultar una salida profesional, poco digna, pero no estamos para remilgos.
Y mientras nos enredamos en elegir la versión que más nos gusta para afiliarnos a ella y ponernos enfrente de la otra u otras, nos creemos suficientemente informados y sobradamente libres, cuando sólo seguimos la música de un flautista cualquiera.
Yo también tengo una versión de los titiriteros encarcelados cinco días en Madrid, que quizá no es ni mía, y es que si su espectáculo hubiese sido contratado por cualquier otro ayuntamiento no gobernado por gente de Podemos, las consecuencias habrían sido otras, mucho menos duras, quizá igual de polémicas, pero sin cárcel.
Así, contra la confusión y la manipulación que traen las diferentes lecturas de cualquier cosa, yo intento escucharlo todo para fabricar mi propia versión. No es un método infalible porque se basa en criterios muy subjetivos, pero al menos me creo que tengo una opinión casta y no contaminada.
Sin embargo, al final, incluso yo, con mi palabrerío, también versiono, pero como no soy titiritera no necesito quedarme en la sombra.

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