viernes, 28 de febrero de 2025

Lobos

Últimamente se vaticina mucho la llegada de las tinieblas, motivada por la ascensión de líderes poco fiables. ¡Qué vienen los tiempos oscuros!, se oye en todas partes.

Las predicciones apocalípticas existen desde que el ser humano existe, o sea, que son tan frecuentes como las otras predicciones, las del tiempo.

Desde luego, no es un asunto frívolo del que hacer chiste, pero que después del saqueo milenario al que hemos sometido el planeta, que a veces no sabemos cómo se tiene en pie, del destrozo de los recursos naturales, de agujeros de ozono, de deshielos, de especies en peligro de extinción... es lógico que me surja la duda de que un seudo líder con avión privado y residencia en palacio tenga el poder definitivo, el que no ha tenido en milenios ningún otro ser humano, todo él con su inconsciencia y su afán depredador, para cargarse el mundo. Ojalá no me equivoque, porque ya sabemos lo que pasa con los iluminados (léase Putin) cuando se ven en el trono, que te hacen una guerra en menos que canta un gallo.

Sin embargo, la Tierra resiste, resiste las matanzas, las invasiones y ocupaciones, las plagas y los delirios. Resiste a nuestra existencia y nuestra huella de carbono, a las profecías de Nostradamus y a los tecnológicos avances que nos aligeran y facilitan la vida para inficionarnos enfermedades modernas.

Pese a ese grito de espanto ¡qué viene el lobo!, me alivia pensar que el mundo sobrevive a todo, aunque nos empeñamos en convertirlo en un ordenado vertedero. Por tanto, si el planeta tiene esa capacidad de tragar y digerir tanta barbarie, ¿cómo un tipo casi octogenario, con ideas absolutistas y propuestas enajenadas va a ser quien acabe con todo? No lo veo, entre otros motivos porque yo no doy por supuesto que el resto de ciudadanos vayamos a permanecer impertérritos. El mundo puede acabar por culpa de todos pero ¿por este tipo en concreto? El ser humano no ha sido consecuente, sin embargo, no podemos quitarle el mérito del progreso y de la sabiduría y de tomar las decisiones que a lo largo de la historia han mejorado la existencia y la convivencia.

Y llegado a este punto, todos sabemos que quienes nos gobiernan son testaferros. Están de cuerpo presente pero quienes toman las decisiones son los lobby, esos grupos de presión en forma de empresa o de iglesia (de la creencia que sea), que nunca son ciudadanos a pie de calle reclamando por el interés general o el bien común, sino grupos reducidos con poder económico. Ellos son los que llevan la batuta del mundo, casi en la sombra tomando decisiones que afectan a todos pero que a ellos les llenan los bolsillos, aún más.

Así que miedo al lobo Trump... sí, pero no. Lo cierto es que cuando escucho alguna de sus chirigotas no me sale cabrearme. De hecho, el otro día, junto a unos amigos, recordando sus pretensiones sobre la gélida Groenlandia quisimos atizar el disparate con más disparate, por lo que al presidente norteamericano le proponemos que cuando se haya hecho dueño del hielo de la isla se venga a colonizar Murcia, la región del limón, con el fin de disponer de la mitad de los ingredientes para el gin tonic. Le faltaría la ginebra, pero no creo que sea problema para Trump encontrarla en algún país a mitad de camino y añadirlo a sus alucinaciones colonizadoras. Cuando lo tenga todo, ya sí, a emborracharse en el resort de Gaza. El dislate sólo tiene una respuesta, más dislate.

Trump da risa y quizá no debería dármela, porque detrás habrá una buena panda de aprovechados sin escrúpulos y esos son los peligrosos, porque son los que se esconden tras el chistoso de la manada y mueven los hilos del títere con la medalla de hombre más poderoso del mundo, quien sólo tiene privilegios, poder no. A lo mejor lo que habría que plantearse es que den la cara quienes están decidiendo por nosotros, esos que no se han presentado a ningunas elecciones, a quienes no se les puede obligar a dimitir porque tiran la piedra y esconden la mano. La esconden en el mismo lugar donde se esconden ellos y su dinero. También, habría que plantearse vaciar las instituciones de políticos que sólo sirven para medirse entre ocurrencias en cualquier debate. Está claro que no sirven para nada y alimentarles nos cuesta lo nuestro.

En fin, quizá se acabe el mundo mañana pero no será por culpa de alguno de estos mequetrefes con corona y cetro, sino por la de quienes les mueven las manos y la boca desde la oscuridad de las sombras. Y esos, amigos, esos sí dan miedo. 

miércoles, 12 de febrero de 2025

Gascón

Mira que intento resistirme a formar parte del totum revolutum, inmenso, infinito, que es la opinión pública (así, en general) en estos momentos. Es mucha la pereza y demasiada la sensación de que no merece la pena, por lo que en los últimos meses opto por cualquier otra tarea o afición. Pero hay veces, como ahora, que me cuesta más pasar por alto algunas polémicas. La impotencia (y hasta la irritación), que siempre dejo sueltas, me empujan a manifestarme en un ejercicio que me ayuda a aclarar ideas ante la infección de dimes y diretes.
Quien me saca de mi pasividad es Karla Sofía Gascón, una de las protagonistas de “Emilia Pérez”, una película sorprendente que creo que se merece todos los premios que le otorguen, incluido el Oscar a Mejor Actriz. Porque la candidata hace un buen trabajo y punto, que si luego ha sido en el pasado una bocachancla o, si lejos de la ficción, ha sido incorrecta o prepotente, no es eso precisamente lo que se juzga para conceder este galardón.
A ver, no estoy nada de acuerdo con ella y me parece de una osadía idiota hacer esos comentarios en público, es más, si lo piensas en privado, guárdatelo para ti, sobre todo porque son feos, hirientes, insultantes ¿y qué necesidad tienes de hacer semejante exhibición? 
En cualquier caso, me da a mí que la actriz estará ahora mismo arrepentidísima de sus afirmaciones y, lamentablemente, quizá, no porque ya no las mantenga (ojalá) sino por estar en la palestra siendo juzgada por algo del pasado y algo que no tiene nada que ver con un trabajo, cuyo premio sería también un reconocimiento para las cientos de personas que han participado en la película. 
Insisto, lo que debe juzgarse es la actuación para la que ha sido nominada Gascón. Precisamente, Hollywood, California y EEUU no están para mensajes moralizantes ni para ser ejemplo de buena conducta. Porque ¿cuántos empresarios premiadísimos tienen el carnet lleno de pecados? ¿cuántos productores cinematográficos galardonados han sido unos abusones? ¿cuántos artistas que han estado en la cárcel por delitos relevantes han llenado los auditorios y han levantado ovaciones? Y ahora la pregunta de cajón: ¿cuántos dirigentes políticos, principalmente, el presidente del país donde se otorgan los Oscar, son unos absolutos bocazas, cuyos comentarios rayan la amenaza, el racismo, la discriminación… y son un riesgo para la población, y, sin embargo, no sólo nadie los castiga sino que incluso se les sigue votando?
A ver si ahora en los países del derecho a la libertad de expresión, algunos, con claro tono bélico en cualquiera de sus posturas, son más dignos de ese derecho que el resto. 
Gascón se pasó de frenada y sólo espero que la vida, la experiencia, sus viajes y sus lecturas hayan contribuido a reconstruir sus pensamientos y a día de hoy se haya desecho de ese tufillo agresivo-fascistoide. Yo misma tengo páginas, incluso libros, escritos en momentos concretos, de los que ahora no me siento tan satisfecha ni orgullosa por mucho que los escribiera con todo el convencimiento y el genio que disponía. ¿Cuántas veces personas te han inspirado un amor o un odio terribles y luego te han traicionado o demostrado su valía? Todo es cambiante, más aún las ideas. Por ello, no se puede vomitar en redes lo que se te pasa por la cabeza, ni en caliente ni ebria (ni sobria ni en frío si no lo has pensado dos veces).
En cualquier caso, lo que dijo dicho está, ha pedido perdón y creo que la próxima vez que Karla Sofía Gascón vaya a publicar algo lo pasará por el filtro de lo políticamente correcto. 
Precisamente, aquí en este blog escribí una entrada hace ya tiempo, previendo y constatando el peligro de las redes sociales en cuanto al rastro que dejan tus palabras, titulado «Por si me hacen concejala» (https://pepa-tormento.blogspot.com/2015/06/por-si-me-hace-concejala.html). Hay que guardarse las espaldas.
En fin, si a partir de ahora se trata de premiar teniendo en cuenta lo que has hecho, lo que has sido, lo que has dicho, me da a mí que van a sobrar trofeos. El que esté libre de pecado que tire la primera piedra. No, Trump, no. Ya sé que estás deseoso de lanzar piedras o bombas, pero no me refiero a ti.