viernes, 10 de enero de 2014

Año nuevo, vida...

Se acabó la Navidad, aunque yo siga comiéndome los restos de mazapán y algunos nostálgicos se empeñen en decir que hasta ‘San Antón Pascuas son’. A mí me gusta la Navidad. En fin, cada uno tiene sus vicios. Quizá me guste porque me da la excusa perfecta para ponerme hasta las trancas o quizá porque motiva que quede con gente que no es habitual de mi agenda. Sin embargo, en esta ocasión he respirado aliviada cuando se ha esfumado por la misma chimenea de la que año tras año espero que caiga algún regalo sorprendente, es decir, ni zapatillas de casa ni collares. He acabado muy harta y muy desilusionada de que siempre sea lo mismo. Así que para romper la tradición he decidido no hacerme ningún propósito para 2014. Ni voy a dejar de fumar, ni de decir tacos ni de criticar a amigos y enemigos. Tampoco voy a apuntarme a yoga ni mucho menos a inglés, total para pillar alguna palabra suelta en una canción lenta de Adele…No pienso cambiar en nada. Porque ¿para qué? Si nada cambia a mi alrededor. Ya hemos empezado el año y seguimos hablando de la ley del aborto y del caso Nóos, es decir, de restricciones a los derechos y de corrupción. Estamos en el mismo punto y tengo la sensación de que vivo atrapada en un bucle. En fin, no puedo decir eso de año nuevo, vida nueva. Así que voy a seguir dándole al mazapán que, de momento, es lo único que me deja buen sabor de boca.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Bienvenidos al Club del Intrusismo

La pasada semana se armó cierto revuelo por conceder a la empresas particulares funciones propias de las fuerzas de seguridad del Estado. Ahora, según la nueva ley de Seguridad privada, aún no aprobada, un vigilante de un centro comercial puede identificarme, cachearme y hasta detenerme. No sé cómo se sentirán los policías y guardias civiles al comprobar cómo personas con una formación muy inferior a la suya van a realizar sus tareas. Entiendo que no les gustará nada. Es una descarada forma de intrusismo, que permite que algunos trabajadores desempeñen funciones para las que no están preparados. Esto me recuerda a lo que pasa con frecuencia en el periodismo, donde personas licenciadas en Derecho, Historia, Filología, Económicas… deciden, por esos macabros caprichos de la vida, que no van a ser economistas, abogados, historiadores y filólogos, sino periodistas, pero saltándose la formación académica exigida. Y no estoy hablando de esos que se sientan en tertulias televisadas a hablar de famosos y pseudofamosos. Esos sólo son la versión actualizada de las cotorras de patio de vecinos. Este intrusismo ha ‘jodido’ y mucho el periodismo. Sin embargo, en estos momentos de mi vida con lo que más me cuesta lidiar es con la inmensa competencia que un periodista licenciado tiene en el mercado laboral. Ese profesional sólo puede optar a las ofertas de trabajo que piden específicamente titulados en Ciencias de la Información, aunque pudiera desarrollar tareas propias de otras titulaciones. Por ejemplo, un responsable de Recursos Humanos de una empresa puede ser psicólogo, economista o abogado, pero no periodista. Entiendo perfectamente que sea así, lo que no entiendo ni quiero es que todos ellos puedan denominarse periodistas sin tener la formación y, lo más grave, sin intentarlo nunca. No se trata de saber escribir, sino de saber contar como si no existieras, lo que lleva implícito una gigantesca dosis de moralidad que te enseñan y que la práctica te exige, así que zapatero a tus zapatos. Si patética es esta situación, más lo es el inútil papel de los colegios profesionales. Nunca jamás han hecho nada por evitar esta injusticia. Es más, algunos incluso han abierto la veda para que los aficionados del periodismo se colegien con el fin único y aberrante de sumar almas a sus filas. He de admitir que conozco periodistas sin el título que ejercen con responsabilidad y honor la profesión, pero su incapacidad por el motivo que sea para ganarse la licenciatura en décadas me impide abrazarlos, aunque, jamás pondría el codo para impedir su entrada a una rueda de prensa. Sin embargo, quizá por ello, sólo quizá, el periodista es ese trabajador que se deja llevar por el vaivén de la actualidad, una actualidad que le come y le anula como persona, que limita la visión de su realidad individual, que ciega su capacidad para reivindicar y dignificar su profesión, quizá es ese trabajador que baja la cabeza en las comparecencias públicas sin preguntas y el que consiente que les escriban las cuestiones que ha de plantear. En fin, a lo que iba, señores policías y guardias civiles, bienvenidos al club del intrusismo. Por mi parte, por ponerme acorde con el absurdo y el esperpento que me circunda, pido que a la hora de cachearme venga un efectivo de esos que aparecen con el torso desnudo en los calendarios, porque a mí, si han de sacarme la barra de pan trincada en el centro comercial, que sea con profesionalidad, que de aficionados está el mundo lleno.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Mandela, el último héroe

En estos momentos, aún no silenciados los aplausos, las voces de admiración y las lágrimas por la muerte de Nelson Mandela, tengo la sensación de que su desaparición como hombre deja la estela de un héroe, quizá el último de esos héroes, personajes únicos, que han labrado los surcos que marcan hitos en la historia. A mí Mandela me resulta una referencia lejana en el tiempo y el espacio, pero no por ello deja de conmoverme su legado. Las grandes transformaciones de la humanidad han sido protagonizadas por iluminados como el líder sudafricano, por gente valiente que piensa en el colectivo antes que en sí mismo y se rebela contra el poder establecido, contra las costumbres cimentadas sobre siglos y, sobre todo contra quien maneja las armas. En la escuela, te cuentan que el primer revolucionario de la historia fue Jesús de Nazaret, quizá el mayor visionario por propugnar aquello del amor al prójimo, muy admirable si no hubiese tenido tantos malos herederos. Después, oías hablar de las gestas de Gandhi, Luther King, Che Guevara…Todos ellos han hecho historia y nosotros vivimos aquí apaciblemente el resultado de sus hazañas. También entiendo que para que hayan héroes debe existir previamente una situación de humillación, vergüenza, violencia o injusticia. Tal vez por ello escasean tanto por estos lares, por pensar ciegamente que nuestro mundo no los necesita, mientras dejamos que su trono sea ocupado por personajes que la historia jamás recordará o recordará mal y que en el mejor de los casos dejarán como señal el nombre de una calle en su ciudad natal. Estoy absolutamente convencida de que los héroes siguen haciendo falta, incluso en el primer mundo, donde las injusticias y la violencia existen aunque no nos parezcan graves porque las víctimas representan una minoría. Es curioso que en este momento de la sociedad nadie aspire a ser un héroe. A mí me hubiese gustado serlo, pero ya no. También, como todos, elegí vivir tranquila. Pude permitírmelo porque tenía el gran cobijo del legado de héroes como Mandela.

jueves, 5 de diciembre de 2013

En el paro, no parada

Hoy, me he levantado reivindicativa. Así que pido, exijo más bien, y de forma vehemente, que cuando el Gobierno presente cifras del paro que a mí no me incluya. Porque a ver, qué es estar en el paro o estar parada ¿no tener a alguien que te exija y te dirija? ¿No tener un horario? ¿No hacer un esfuerzo físico o mental? Pues yo estoy en el paro y no vivo en el paraíso de la relajación, el bienestar y la holgazanería. Y es que desde el minuto en que me levanto, siempre antes de las nueve de la mañana (lo que ya es un gran triunfo para mí), empiezo a correr, que si las camas, que si la comida, que si la lavadora, que si la compra… Y cuando creo que lo tengo todo controlado, me siento, tomo el libro de 600 páginas, que se me atragantó en el mes de julio, y ya en la primera línea empiezan a asomar unas migas de pan de debajo de la mesa. Las muy ‘hijaputas’ sólo aparecen cuando me apodero del sofá, hasta entonces están escondidas. Así que, lo siento, pero no puedo, dejo el libro, saco la aspiradora y, ya que estoy, la paso por toda la casa, no vaya a ser que las migas tengan más compañeras repartidas por debajo de armarios y camas. Y de esta forma se me hace la hora de comer todos los días, momento en el que empieza el ritual, de tenerlo todo preparado para aquellos que vuelven tras su jornada laboral o escolar. En cuanto entran por la puerta, comienza la tortura con preguntas tipo ¿me has buscado en el ordenador la vida de García Lorca? ¿Me has cosido el pantalón? ¿Me has planchado la camisa? Y es sólo en ese instante cuando pienso, ¿parada? Parada estaba yo cuando iba todos los días a trabajar. Ah, y no pongas el telediario a la hora de comer, porque entonces aparece el Gobierno hablando de brotes verdes, mientras tú ves las macetas chuchurridas en la ventana, porque sólo quedan 4.800.000 parados. Así que el Ministerio de Empleo me tendrá fichada como parada, pero yo trabajo, estoy activa y comprometida con lo que en estos momentos me toca. Eso sí, de vez en cuando (un día sí y otro no), me pongo la armadura y declaro la guerra a las migas de pan, a la ropa sucia y a todo. Y ese día se lo dedico a proyectar y a contar cosas a quien quiera oírme. A mí, el paro no me va a ganar ni tampoco el libro de las 600 páginas… ¡ya sólo me quedan cien!

lunes, 28 de octubre de 2013

La torpe lucha contra ETA

A ver, a mí que nadie me haga mucho caso, pero el jaleo formado con la decisión del Tribunal de Estrasburgo de declarar la ‘doctrina Parot’ contraria a los derechos humanos no es más que un eslabón en la cadena de torpezas que a lo largo de la democracia española ha jalonado la lucha antiterrorista. Y digo esto porque yo creo que el Gobierno español se sacó de la manga una jurisprudencia que flaqueaba tanto que ha tenido que tumbarla un tribunal que vela por los derechos humanos. Ahí es nada. Me inicié en el periodismo impactada por la gigantesca polémica derivada del descubrimiento de que el Estado le hacía la guerra a ETA con sus propias armas, el tristemente famoso GAL. Aquello fue y aún es lo más grave e inaceptable de aquella lucha antiterrorista. Sin embargo, tras pasar también, después, por escándalos relacionados con fondos reservados, con malversación de fondos públicos, con supuestos chivatazos y faisanes, tirar por tierra esa doctrina Parot, cuyo objetivo era mantener en la cárcel a los asesinos múltiples e reincidentes, esos que parecían gozar con el macabro oficio de apretar el gatillo de aquel que no pensara como él, mejor dicho, que pensara simplemente, porque les cabe poco raciocinio a quienes reivindican armados y por la espalda, es la última viñeta del cómic en el que el Estado ha convertido esta lucha. No debo arremeter contra los gobiernos que han intentado frenar la crueldad terrorista, porque los malos son los otros, pero torpeza y la urgencia de la política ejecutada vuelven a dejar en carne viva el dolor de los verdaderos sufrientes. Por eso, las víctimas, supervivientes de sí mismos, más que gritar su impotencia deberían sentirse orgullosas de que ETA ya no esté, porque el triunfo es de ellos, y no de los sucesivos gobiernos que han tenido y tienen la infinita obligación de protegerles y defenderles. Sí, ETA se rindió, pero no fue porque el Estado le ganara la batalla, ya que la historia reciente nos demuestra que no ha dado pie con bola, fue porque las víctimas, sus desconsoladas familias, sus vecinos y paisanos se opusieron con sus lágrimas, su vergüenza y su ira. Eso sí es el mejor ejemplo del verdadero triunfo de una inmensa mayoría silenciosa.

lunes, 21 de octubre de 2013

Cine y bufones

Ayer, en el programa El Objetivo, de La Sexta, informaron a quienes quieren escuchar y aprender en este país, que desgraciadamente no hay tantos como son, que el cine español se lleva en subvenciones del Gobierno central 79 millones de euros (año 2012) . En contraposición, los indeterminados y hasta anónimos asesores que trabajan para las distintas administraciones públicas de este país se llevan alrededor de 850.000.000 de eurazos. En fin, no voy a decir que en este país vuelve a priorizarse lo que no es importante ¿a qué no?, porque además, aunque yo prefiero mil millones de veces antes el cine español y sus directores y actores que a los chupatintas que se ponen tras un político en actitud de vasallo, lo cierto es que los actuales asesores, sobre todo los adscritos al Gobierno central son unos auténticos bufones que están haciendo el papel de su vida. Otra cosa no, pero risa, lo que se dice risa, saben producirla y de qué manera. Me encantaría, por encima de cualquier otro, conocer a ese que asesoró a De Cospedal sobre el despido diferido. Vamos, de Goya. Goya al Mejor Actor Revelación, Goya al Mejor Guión Original y yo diría que hasta Goya al Mejor Maquillaje. Fabuloso, de verdad. Así que el ministro de Cultura y su jefe, el señor presidente de Gobierno, pensarán para sí, ¿cómo vamos a subvencionar el cine español con lo que entretienen nuestros asesores? Y yo estoy de acuerdo, porque lo otro sería tirar el dinero. ¡Vaya tela!

lunes, 14 de octubre de 2013

Ya soy mayor

No sé cuándo, pero un día, y de eso no hace mucho, me di cuenta de que me había hecho mayor. Puede que fuera un día de esos que preferí resguardarme del frío, aunque nunca antes me habían molestado las temperaturas adversas. Ahí empieza todo, en ese momento en que devoras con avidez el programa de El Tiempo como si la predicción te salvara de tener mañana una jornada horrible. Cuando se es joven, da igual. Es más, no se siente frío ni calor y te atreves con una camiseta de tirantes en pleno invierno bajo el abrigo. Tiempo después, y sin darte cuenta, llegas al punto en el que estás aferrado al mando de la televisión esperando a que el Gran Wyoming anuncie los minutos de publicidad para pasarte a la Primera, a ver si llegas a tiempo de enterarte del tiempo. Hay otros síntomas inequívocos de que te haces mayor sin ser consciente todavía de ello. Por ejemplo, cuando en la perfumería se empeñan en regalarte muestras de crema anti-edad o cuando un niño de la edad de los propios se dirige a ti como ‘señora’. También es muestra de los años cuando sin necesidad ninguna te quedas mirando la página de cumpleaños del periódico y ves que hay famosos que son de tu quinta cuando le hubieses echado alguna década más encima… aunque lo mismo esa falta de tino responde sólo al regusto de que el actor o la actriz tenga alguna desventaja contigo, es como decir "sí, sí eres famosa, guapa y delgada, pero te jodes que eres más vieja". Hasta que un día te das cuenta de que la has alcanzado. No me quejo, prefiero la crema anti-edad y a la delgadísima meteoróloga diciendo que mañana me voy a tener que poner guantes hasta en las orejas, que esforzarme por ser lo que no soy. Así que, de momento, no me quito años, pero no diré que nunca lo haré porque si algo me ha enseñado la edad es que no se pueden mantener opiniones ni afirmaciones absolutas durante toda la vida.