domingo, 8 de mayo de 2016

Culpables

Pues ya estamos liados otra vez, irremediablemente abocados a otras elecciones. Y nuevamente los ciudadanos tienen el encargo, por no decir el marrón, de resolver el embrollo. Lo hagamos como lo hagamos siempre nos toca la china, que hay crisis, nos recortan sueldos y abaratan los despidos, o tenemos que pagar por servicios sanitarios o educativos que antes eran gratuitos, que el resultado electoral ha salido raro o distinto, pues venga, repetimos hasta que votemos ordenadamente y los políticos puedan gobernarnos sin tener que sacar la calculadora ni tener que negociar nada. 
Así que aquí estamos los ciudadanos intentando arreglar el descosido, y encima nos miran como si fuéramos los culpables de esta situación. Pues por ahí no paso, porque a día de hoy no soy una evasora fiscal, ni tengo dinero en paraísos fiscales, no he metido la mano en ninguna caja que me estuviera prohibida legal o éticamente, he cumplido con todos mis compromisos y responsabilidades y no hago promesas que no pueda ejecutar. 
Por tanto y, pese a mis enormes defectos e insalvables manías, no soy culpable de casi nada, menos aún de ir a votar a quien me dé la gana. Así que no admitiré a ninguno de estos que no ha sabido ceder, ni negociar, ni mirar hacia la gente sino hacia sus partidos, que digan que esos complicados resultados electorales del 20D son los que hemos querido los ciudadanos. Así dicho es una evidencia que ni hace falta citar, pero si trae la connotación de culpabilidad, de que somos los votantes los causantes de que no haya gobierno, no se lo consiento. Porque si ante el primer escollo no saben qué hacer, apaga y vámonos. 
Esta inutilidad nos deja huérfanos. Y no somos culpables de nada, y menos de votar, porque individualmente pensamos en el partido o líder que nos puede garantizar cierto porvenir o, en el peor de los casos, no nos vaya a martirizar más.
Estos no han dado la talla, y sean de la vieja guardia o de las nuevas hordas han demostrado no saber moverse en el terreno del pluripartidismo. Todos siguen viciados y contaminados de bipartidismo.
Quizá todo este paripé de semanas no es otra cosa que escenificar de cara a la sociedad lo que el propio Rajoy ha mostrado desde el minuto cero y sin disimulo porque se ve que tampoco inspiramos respeto, ningún interés por alcanzar acuerdos con nadie.
Por tanto, conste que a los ciudadanos no nos ha gustado nada el desenlace de estos meses, incluso nos escandalizamos del gasto de una nueva convocatoria y de que los diputados no tengan que devolver el material entregado, que no es precisamente de la marca blanca de Media Markt.
Está bien que no nos conformemos y que protestemos, porque es esto de lo único que somos culpables los ciudadanos, de que nuestra rebelión por determinadas causas sea incapaz de cambiar muchos vicios. Sin embargo, en este punto la culpabilidad también tiene grado, y yo me siento menos responsable porque jamás voto a quienes les persigue una agria fama o simple sospecha de corrupto. Que cada uno asuma las consecuencias de sus decisiones y actos, pero hay que ser muy consciente de la papeleta que se escoge porque votar es también castigar o premiar a un partido, y no puede ganar quien no haya hecho méritos. 
De momento, estos últimos meses los candidatos de los partidos no han logrado ni el aprobado raspado, sin embargo, los ciudadanos que sí hemos hecho los deberes tendremos que soportar la tabarra de una nueva campaña electoral, a la que llegamos empachados como nunca.

domingo, 24 de abril de 2016

Plantes

Desde que los nuevos han irrumpido en el ‘sagrado’, formalizado y acomodado mundo político, observo comportamientos, opiniones y decisiones de la sociedad en general que me llevan a confirmar el cinismo, la hipocresía, las medias tintas y las verdades sesgadas que forman parte del pan nuestro de cada día. Y es así porque lo que no se admite a los nuevos, se les aplaude a los viejos.
La última verificación de esto es el plantón, posiblemente muy merecido, que los periodistas dieron a Pablo Iglesias por decir algo tan simple como que la prensa que sigue a Podemos está obligada profesionalmente a hablar mal del partido morado. Creo sinceramente que ni es una gran frase ni dice nada tan polémico como para estar rasgándonos las vestiduras. En todo caso, me resulta exagerado.
Efectivamente, de toda la vida, vende más y es más profesional en cualquier medio de comunicación tratar el defecto de un político que la virtud, pero tiene que existir sí o sí el defecto.  Y es que para dar jaboncillo ya está la seleccionada cohorte de asesores.
Por eso no entiendo los aspavientos ni el ruido que se han montado en torno a esa declaración de Iglesias, que me da la impresión que han venido a darle la razón. Al día siguiente, uno de sus antiguos profesores le llama directamente ‘tonto’ en un periódico nacional y no se produce ninguna hecatombe. Cosas de la libertad de expresión, que justifican a unos y condenan a otros.
Insisto, posiblemente el plante sea merecido e incluso no sea solo por estas declaraciones o por citar con nombre y apellidos a un periodista sino por ser la gota que colma el vaso, que también puede ser. Tanto salir en los medios puede tener efecto boomerang. Así es que en ese sentido que se calmen quienes critican a los medios de comunicación por dar tanta cancha al líder de Podemos. Comprobado queda que no es garantía de inmunidad, aquella que sí tienen otros políticos, los investigados por la justicia, apoltronados a la sombra de las instituciones democráticas.
Ahora, también es cierto que, llegados a este momento, debo recordar los plantes que no vi en su día y que me hubiesen encantado. En los últimos días se han citado en las redes sociales algunos que ya forman parte de nuestra memoria, pero yo voy a empezar por uno de los recientes, cuando el entrenador del Barça, Luis Enrique, contestó con ese tono chulesco y agresivo, tan característico suyo, a un periodista apellidado Malo queriendo hacer entender que su pregunta era igual que su apellido. No vi entonces ningún desplante en solidaridad con ese compañero y, la verdad, hubiese sido necesario. Este mismo entrenador, posiblemente la referencia y héroe de miles de niños que le admiran, se regodea en esa actitud, que reitera cada vez que tiene enfrente un micrófono o una cámara. Sin embargo, ¿qué hacen los compañeros cuando un periodista es burlado?, pues algunos medios hacen programas enteros, concediéndole una notoriedad que es una auténtica vergüenza.
Por supuesto, tampoco se ha visto ningún gesto de, por lo menos, contrariedad cuando se invita al medio de comunicación a una rueda de prensa y el convocante no admite preguntas, aparece en una pantalla de plasma o elige muy interesadamente quién debe, e incluso qué puede, interpelar. Tampoco hay plantes cuando un organismo público, obligado a ser transparente, se escuda detrás de comunicados destacando el perfil bueno.
Si vamos a empezar a plantarnos, que sea contra todo lo que reduce el derecho a la información. De momento, mi solidaridad y aplauso a los periodistas que no nos hacen olvidar a los refugiados ni a la víctimas y también a aquellos que nos han mostrado los ‘papeles de Panamá’. Cuando queráis, por vosotros me planto.

sábado, 9 de abril de 2016

Europa

Con la que está cayendo, mi gran duda del momento viene en forma de pregunta: ¿Quién quiere ser europeo? El viejo continente, el de la larga historia, el de la gran civilización, el aristócrata e intelectual se muestra más flojo que nunca, como un mastodonte de movilidad reducida, por pesado y por viejo.
Ahora, con la crisis de los refugiados, apostados casi en tierra de nadie, una tierra sin petróleo ni oro, claro, como si Europa esperara a que se disuelvan con el tiempo, que se aburran o que se coman entre ellos, me viene a la cabeza la ‘gran hazaña’ de este continente cuando se mataban salvajemente en los Balcanes, donde me demostró casi por primera vez su incapacidad y hasta pasotismo. Lo de estos meses, semanas y días ya no es ineptitud, es un repugnante ultraje a la raza humana.
Tanta Unión Europea para absolutamente nada cuando lo urgente y vital no sabemos contenerlo ni solucionarlo ni… ganas.
La Europa colonizadora, a la que nunca le ha importado explorar y explotar otros mundos, se resiste sin inteligencia ni diligencia a la entrada masiva de refugiados y lo deja todo al vaivén del mar o, peor, a soluciones crueles: ¡Qué se ocupen los turcos!
Entiendo que el reto se muestra inabarcable y desmesurado, más grande aún si el responsable es un inútil.
Pero Europa tiene otros frentes, otras amenazas que exhiben su debilidad, como es el terrorismo. El viejo continente no sabe o no quiere buscar salidas dignas a los refugiados llegados, pero tampoco sabe ni puede reprimir o abortar ataques enloquecidos y siniestros.
Tampoco se lo ponen fácil sus súbditos, ni quienes se rebelan, como Holanda esta misma semana, ni quienes callan para pasar de puntillas por los grandes asuntos.
No estamos en el mejor momento de enarbolar la bandera europea. Personalmente no me siento nada orgullosa de este continente tan inválido, insolidario y desalmado.
Pero tengo esperanzas, las que, también esta misma semana, me han dado los ciudadanos islandeses quienes con un sentido exclusivo y privilegiado de democracia han echado a su primer ministro, uno de los cientos de evasores con empresas opacas en Panamá. Otros europeos (también los hay de otros continentes, razas y sexo), influyentes y conocidos, muchos de ellos españoles, como no podía ser de otra manera, esos que besan las banderas de sus países igual que Judas, se siguen excusando, como si fueran víctimas de una estafa cuando los únicos estafados son los compatriotas que cumplen religiosamente con sus obligaciones fiscales.
Hay momentos muy concretos en los que la denuncia de una larga lista de ricos que eluden los impuestos de sus países cae mucho peor porque el resto de ciudadanos vive con ciertos apuros. Además, los evasores, cuyo dinero escondido tiene un origen oscuro, son los que luego opinan sobre el tipo de gobierno más idóneo para su país, ese que traicionan cuando hay unos euros de por medio. Son quienes remueven las manos en los bolsillos de sus abrigos de piel en busca de monedas para los pedigüeños. Por eso, estos días sólo puedo verlos como esos hinchas holandeses bebidos y bárbaros que humillaban a unas desgraciadas rumanas que mendigaban.
Europa debe ser revitalizada, reanimada, rejuvenecida o renovada y, si para ello es necesario que sea colonizada propongo que, ya que hemos reprimido y cercado a los sirios, nos dejemos invadir por los islandeses.

sábado, 12 de marzo de 2016

Parejas

Desde que el presidente del Gobierno en funciones se refirió al rigodón cuando tomó la palabra en el Congreso, no paro de pensar en los requisitos necesarios para formar nuevas parejas de baile. Porque cuando se trata de dos desconocidos o no amigos que se lanzan a la pista, yo creo que el objetivo es que después haya ‘tomate’ ¿o no?
Sin embargo, antes de eso, primero tiene que haber un avistamiento profundo, como si se tratara de ojeadores de futuros fichajes de fútbol, porque es cierto que no gusta todo el mundo para marcarse un baile.
Hay personas que no formarían pareja con otra porque no les gusta como viste, porque no les entra bien físicamente o incluso porque de buenas a primeras les asusta. 
Y en el caso del futuro gobierno, en el que el dúo se queda corto y hasta aburrido, hay que empezar como mínimo por los tríos, y claro, a ver cómo bailas ‘agarrao’ si hay multitud, porque siempre se ha dicho que tres son multitud. 
Para empezar, reconozco que naranja y morado no pegan. Aquí el test de compatibilidad da resultados negativos. A lo más que van a llegar es a una sola y animada charla. El líder de Ciudadanos parece el amante que todos desean pero para sexo esporádico, no para casarse con él, entre otras cosas porque parece ‘facilón’.
PP y PSOE (o sea azul y rojo, que tampoco los veo yo muy combinables) son la típica pareja que nunca se habrían conocido si sus familias no se hubieran empeñado. Vamos, su unión sería un matrimonio de conveniencia de libro.
Sin embargo, PSOE está loco por revolcarse con Podemos, pero la abuela, que sabe más por vieja que por diablo, se empeña en que no, porque le da miedo, demasiado fresco, con una temible lengua viperina, poco fiable y, en caso de conflicto, les va a sacar los ojos, se va a quedar con todo. Además, le mira con más desconfianza que a ningún otro candidato porque sabe que es el hijo bastardo que ha venido a reclamar la herencia.
Mientras tanto, el PP representa al solterón, quien ha disfrutado de libertad y autonomía para hacer y deshacer a su antojo, pero ahora ya, entrado en edad, quiere una pareja estable, y claro habitualmente las relaciones vienen cuando vienen, no cuando uno las planifica. Además, tiene la dificultad añadida de vivir esa soledad derivada de un insistente rechazo a la compañía. Creo que en general uno debería plantearse pareja de baile, aunque sea para una pieza, con el fin de acostumbrar el cuerpo y el paso. Así, más adelante cuando te entren ganas, también tengas la costumbre. En estas circunstancias el solterón es castigado y no solo por su anterior autonomía, sino también por pertenecer a una familia clasista, a la que no le vale cualquier pareja, sino una específica que mantenga su estatus y su alta posición social, sobre todo ahora que está en decadencia.
Y luego hay otros dúos, que vienen sin dote, pero que pueden ayudar a consolidar la pareja ofreciendo cierta lujuria a demanda, aunque a cambio reclamarán que al menos le pongan un piso.
Así es que tal y como yo lo veo está difícil encontrar parejas de baile con disposición a la compañía puntual o a la relación duradera. Por tanto, mi consejo es que se dejen de pasos y posturas delicadas, de danzar sin casi tocarse, para tirarse al barro y pasar del rigodón al ‘reguetón’.

sábado, 27 de febrero de 2016

Miedo

El miedo es una cualidad inherente al ser humano, posiblemente la que más nos asemeje al animal. Tener miedo es un sentimiento universal, pero se diferencia de vivir con miedo, que es otro grado mucho mayor, alcanzado por millones de personas en este mundo y despreciado por quienes el terror es un estado puntual, pasajero, canjeable. Por tanto, vivir con miedo es terriblemente peor porque se prolonga en el tiempo, lo llevas puesto allá donde vayas.
En el siglo XXI, cuando todos podemos saber de todos, aunque no de todo con mesura e inteligencia, cuando se planea cultivar en Marte y se combaten con cierta eficacia las plagas que llegan al primer mundo, y sólo cuando llegan hasta aquí, somos unos auténticos inútiles para enfrentarnos a lo que nos persigue desde la Edad de Piedra: La guerra, el hambre y la injusticia. Incluso, cuando salpica al primer mundo.
Sólo unos pocos residentes en este lado confortable reconocemos el miedo, del puntual, cuando nos topamos con amenazas, supuestamente lejanas, como las que padecen actualmente los sirios, los enfermos graves, los moribundos por hambre, que son quienes viven con miedo.
Pero nuestro pánico es igual de inútil que esa incapacidad para mejorar el planeta, porque no nos lleva a ningún sitio. Por eso creo que aunque sea exageradamente peor vivir con miedo, es lo único que te empuja a tomar decisiones para sacudírtelo.
Es lo que entendí cuando el otro día me puse a ver el documental ‘To kyma’, que cuenta el esfuerzo de una ONG española por rescatar a los refugiados sirios del mar. Sólo el terror diario a la muerte, sobre todo de los tuyos, te puede llevar a jugártela a cara o cruz. Si no, se trataría de un suicidio colectivo y, para eso, no hace falta buscar una barcaza y pagar por tirarse al mar.
Reconozco que mi miedo, ese que va por días, incluso por momentos, me impidió ver el documental de un tirón. Veía cuatro imágenes y cambiaba de canal, y volvía.  La diferencia entre mi pavor y la de los refugiados es la que define la cobardía y su enorme distancia de la valentía.
Sin embargo, uno no elige ni tener miedo ni el grado que le corresponde. Es aleatorio. Y nadie está a salvo, ni quienes viven miserablemente en este lado y se agarran a su escasez con avaricia, ni siquiera quienes están en la cima, porque temen perder su bienestar o su poder. Estos últimos utilizan su posición de dominio para hacer de su pánico un pavor contaminante y genérico. No hay más que ver cómo algunos ministros relacionan ETA con un gobierno de izquierdas o cómo algunos presuntos corruptos se envalentonan aupados por su terror para culpar de sus acusaciones a sus contrincantes políticos. Son tantos ya los investigados por corrupción en este país que a veces pienso, bueno, más bien fantaseo con la idea de si no será todo calumnias de los rivales. Sin embargo, es sólo una flaqueza derivada de mi miedo inútil y puntual. Luego, me recompongo e intento, sin éxito, ponerme en lugar de quienes utilizan su propio terror para superarlo y superarse.
En cualquier caso, hoy sólo me quedo con el miedo vencido de quienes se tiran al mar a rescatar a quienes viven con miedo, aunque yo lo vea a medias por culpa de otro miedo, muy descafeinado por mi propio confort.

sábado, 13 de febrero de 2016

Versionando

Si nos detenemos un momento, nos daremos cuenta de que todo tiene al menos dos versiones, incluido el amor. No es sólo porque seamos distintos en este mundo de la globalización que nos intenta convertir en manada, sino porque hay titiriteros, de los que nunca jamás van a la cárcel, que nos manipulan en silencio y a oscuras. Así que, dependiendo del marionetista de turno, cada cual se muestra con una versión diferente de lo que nos acontece.
Se nos llena la boca al hablar de que la justicia es igual para todos, algo que nos creemos ahora más porque estamos viendo a la Infanta Cristina de Borbón en el banquillo, pero es mentira. La justicia no es igual para todos porque depende del juez y del abogado que te toque en suerte, cada uno con su versión distinta y a veces distante de la justicia.
En estos días de enorme polémica por el encarcelamiento de unos titiriteros que, según la versión del juez, practicaron en su obra enaltecimiento del terrorismo, obviamos, porque ni nos acordamos ni nos interesa, la cantidad ingente de canalladas que soltamos por nuestra boca en las redes sociales o donde nos venga bien y que no se llamarán enaltecimiento del terrorismo, pero es violencia y agresión, aunque según nuestra versión estamos practicando la libertad de expresión, y además lo que decimos es verdad, pero una verdad versionada.
Y así aplaudimos e incluso admiramos inmensas burradas de burros que no han pensado en lo que dicen porque lo de pensar les viene grande. Si no, ¿por qué dejamos pasar voces que comparan a nuevos políticos con los agentes de las SS nazis? Debe ser porque estos no practicaron la violencia ni provocaron una sola muerte, según la versión de la historia que hayan leído, si es que saben leer.
Si vamos a encarcelar a todos aquellos a quienes se les vaya la boca y a aquellos cuya libertad de expresión puede ser tildada de terrorismo, arduo trabajo tenemos por delante. Habrá que empezar por ir nombrando censor. Mira, con la gente que hay en busca de trabajo, hasta podría resultar una salida profesional, poco digna, pero no estamos para remilgos.
Y mientras nos enredamos en elegir la versión que más nos gusta para afiliarnos a ella y ponernos enfrente de la otra u otras, nos creemos suficientemente informados y sobradamente libres, cuando sólo seguimos la música de un flautista cualquiera.
Yo también tengo una versión de los titiriteros encarcelados cinco días en Madrid, que quizá no es ni mía, y es que si su espectáculo hubiese sido contratado por cualquier otro ayuntamiento no gobernado por gente de Podemos, las consecuencias habrían sido otras, mucho menos duras, quizá igual de polémicas, pero sin cárcel.
Así, contra la confusión y la manipulación que traen las diferentes lecturas de cualquier cosa, yo intento escucharlo todo para fabricar mi propia versión. No es un método infalible porque se basa en criterios muy subjetivos, pero al menos me creo que tengo una opinión casta y no contaminada.
Sin embargo, al final, incluso yo, con mi palabrerío, también versiono, pero como no soy titiritera no necesito quedarme en la sombra.

viernes, 15 de enero de 2016

Resistencia

Deberíamos agradecer a la gran Lola Flores esa mítica frase que dice 'si me queréis, irse', a la que hoy me agarro para reunir unos cuantos nombres de personas públicas, tan distintas como distantes y a la vez unidas por verse envueltos en causas judiciales. Hay que ver que, en este caso, lo que surgió separado, la justicia ha unido, aunque sólo sea por coincidencia en el tiempo.
Pedro Gómez de la Serna, Cristina de Borbón y Artur Mas son tres claros ejemplos de resistencia ante la voz unánime que pide que se vayan o se alejen. Se trata de una resistencia, en el sentido más triste de la palabra porque en otro tiempo se aplicaba a gestos valientes, que les está proporcionando peor rédito que la inteligente decisión de abandonar puesto y privilegios en el primer momento. Creo firmemente que una buena retirada a tiempo puede ser un gran éxito.
A Mas, aunque se pueda tomar como 'postureo', su reciente abandono del Parlamento catalán, se produce a contra pie, justo cuando finalmente tiene que ceder la presidencia de la Generalitat para permitir la puesta en marcha de la nueva legislatura, atrancada desde las elecciones de septiembre de 2015.
Le ha costado. Su empecinamiento, el suyo y el de todos los citados, no puede verse como un gesto de enfrentamiento a una acusación injusta, sino como una cabezonería irracional, cuando no un salvoconducto. Pero ya no está y tendrá que dar la cara ante la causa abierta por esa supuesta consulta ilegal y también por la implicación del partido que preside en el caso Palau y el de la comisión del 3%.
Ahora, lo de Cristina de Borbón no hay por dónde cogerlo. Después de apartarla de la Casa Real, de quitarle el título de duquesa y de vivir el desaire de parte de su familia, resistirse a renunciar a sus derechos dinásticos, es mucho más que terquedad, es como morir matando, cuando, a no ser que haya un diluvio universal y sea elegida para entrar en el arca, difícilmente tendrá acceso a la Corona. Hay, entre hermanos y sobrinos, una buena cola antes que ella y sus hijos.
Y luego está el diputado recién devuelto al Congreso Pedro Gómez de la Serna, sobre el que hay sospechas de cohecho, blanqueo, corrupción en transacciones internacionales e incluso organización criminal, ahí es nada. Pero el buen señor se sienta tan fresco en su escaño, después de que hasta su partido le dé de lado y mostrando la jeta de darse de baja del PP, como si fuera víctima de un agravio.
Muy mal los tres, porque desde luego no aman las instituciones que les han aupado ni los ciudadanos representados por éstas, aunque saco una conclusión más triste si cabe: Si esas mismas instituciones a las que pertenecen estos feos ejemplos de personajes públicos no tienen ni el carácter ni la fuerza suficiente para provocar su desvinculación, apaga y vámonos.
Y en las próxima semanas, contemplaremos la propia resistencia de Rajoy, a quien yo le diría que, visto el final de Mas, cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar.
Así que al ‘si me queréis, irse’,  se podría sumar la famosa exigencia de Aznar: ’Váyase, señor González’ que, actualizada, quedaría: ‘Váyase, señor Rajoy’.