Cuando doy con una similitud, espanto cualquier señal de soledad en un planeta en el que cada día es tan difícil toparse con la verdad o algún sucedáneo o marca blanca (ya nos conformamos con menos) que nos reconforte. Yo ya me apaño con cierta claridad. La mentira o el bulo, que son espirales en forma de tifón arrasador, se han instalado en nuestras vidas como la mascarilla y cuesta apartarlos para que no te llegue el tufo.
Es complicado encontrar un alma melliza, que no gemela, que coincida contigo, y cuando eso ocurre, aunque no tengáis nada más en común, es una rareza maravillosa que celebramos abriendo los ojos y aplaudiendo con los labios. Es música.
Ya sólo leo ficción, tiene más realidad y sinceridad que la calle que se ve desde cualquier ventana. Supone un esfuerzo desesperante encontrar entre tanto mantra sectario y verborrea malintencionada una certeza, una frase con rigor, un juicio inteligente. Muchos hemos caído en la trampa de adorar la lucidez y el criterio con el fin de distinguir lo auténtico pero se hace difícil en una atmósfera inundada por la turbia calima.
Hemos sustituido el raciocinio por el ruido o por el chiste simplón, por la crítica descarnada hacia todo lo que se mueve o por las sentencias ridículas.
Y da gusto, mucho, que coincidamos en reconocer, señalar y separar frases bellas, inteligentes, rigurosas, a veces severas, que nos ayuden a condenar sin dudas los gestos machistas, la xenofobia ante los éxodos en patera, la rabia ante el abandono de refugiados y excluidos... Encontramos coincidentes la mayor parte de las veces en asuntos que son detestables, y en ese instante de reconocimiento al unísono sientes que has rozado la verdad.
En esa batida por tropezarte con tus semejantes vas marcando distancias insalvables con personas a las que te unen tantas experiencias, tantos años, tanta relación (a veces sanguínea) que supone desgajarse de uno mismo, pero hay que soltar amarras, y yo lo hago, bloqueo, huyo y utilizo la pandemia para crear mi propio perímetro de seguridad, la mayoría de veces con silencio que rompo sólo cuando escucho al coincidente.
Al final todos buscamos el abrazo y el abrigo, la coincidencia y el respaldo, buscamos trenzarnos con otros con los que sólo tienes en común una idea, una opinión, un sentimiento. Y esto en tiempos de tanta pobreza intelectual en este largo otoño de hongos de rápida reproducción, es un milagro y da mucho gusto.