miércoles, 20 de julio de 2022
Chismes
viernes, 1 de julio de 2022
Drogas
He leído que hay drogas para enamorar. En espray, te lo aplicas a la altura de la nariz y ¡alejop! caen rendidos o rendidas.
sábado, 23 de abril de 2022
Libros
Los libros son un auténtico peligro, tienen la fuerza de un arma de destrucción masiva. Siempre ponen en la diana a la ignorancia, la intolerancia y la falta de respeto.
Y cuando han doblegado a la estupidez, a la mediocridad y al enanismo mental, entonces te dan la posibilidad de disfrutar de la calma que da la comprensión del mundo, tan difícil de explicar casi siempre. Encontrar la explicación, darte de lleno con la motivación de las decisiones, de los golpes y la guerra, ayuda a vivir.
lunes, 14 de marzo de 2022
Gracias
No me hice propósitos de año nuevo. Me conformé con lo que en ese momento era y con lo que en ese momento tenía. Y quizá lo hice porque en algún rincón de mi pensamiento creía que todo estaba bien. Aunque es más probable que supiera que, aunque no estaba nada bien, podía ir a peor. De hecho, pasamos de catástrofes casi invisibles a pandemia y después a una guerra, a otra guerra.
Ha pasado, está pasando, el primer trimestre del año y me sigo conformando, porque estoy entera a pesar de que el mundo está loco, de que la mediocridad, la cobardía y el delirio han salido de las cavernas más salvajes para reinar, y a pesar de que vivamos saltando de amenaza en amenaza. Yo me sigo conformando porque tengo mucho, muchísimo, que agradecer. Así que empiezo:
Gracias al señor que no me conoce de nada y cada mañana me dice buenos días caminando por la orilla del río, entre niebla y rayos de luz despuntando.
Gracias a la señora que se acerca para avisarme de que llevo la falda torcida.
Gracias a quien me atiende con respeto y hasta amabilidad al otro lado del teléfono o de una mampara.
Gracias a la chica que me acompaña por el entramado de un complejo hospitalario para llevarme a la ventanilla donde tienen que darme la cita, o a aquella otra que me dice: "me encanta tu vestido", en una escalera eléctrica en mitad de un centro comercial.
Gracias a quien me recomienda libros y también a la compañera de yoga que me trae unos poemas.
Y gracias al que le da un like sin saber nada de mí a la última chorrada o la sesuda parrafada que dejo en mis redes sociales.
Hay tanta gente anónima que te hace tanto bien solo con estar que es difícil entender que haya otros tantos con los que has compartido intimidades y no sean capaces ni de felicitarte en tu cumpleaños.
Tengo que agradecer con absoluta sinceridad a los compañeros y compañeras que últimamente me habéis desbordado con mensajes y llamadas. No hace falta nombres. Sé quienes sois y conservo vuestro aliento. Sois un gran motivo para conformarse.
Gracias a Silvia que me dice en mitad de la calle que le ha gustado mucho lo que he escrito. Espero que esto también te guste. Y a Juan, mi profesor de yoga, tan sosegado y tan divertido.
Y, además, muchas, muchísimas gracias a todos los que "me tocan algo". Gracias a mis amigas, que me escuchan, me abrazan, me advierten, me cuentan, me invitan a su casa, me llevan de viaje, al cine o a tomar un vino y me hacen reír. También a los amigos que me llaman para un café o una cerveza. Gracias a Concha, a Ana, a Rosi y a Carmen y a todas aquellas que se fueron pero siguen conmigo.
A mi madre que desde el teléfono me dice que me ha guardado mandarinas o me ha hecho un bizcocho, y a mi padre que rebusca entre mis libros algo que leer. Con vosotros siempre he estado a salvo.
A mi hermano, con quien, después de tantos gritos, amenazas y peleas de adolescentes, encontré en una tregua a prueba de balas un refugio de calma y complicidad inauditas. Gracias a mi hermana por su inmenso ejemplo de superación. Gracias a mis sobrinos porque su presencia me alarga siempre los labios en una sonrisa que se me sale de la cara.
Gracias a mis hijas por torturarme, por mantenerme actualizada y viva y, también, por darme el mejor motivo, la mayor razón y la excusa perfecta para todo.
Gracias a quien permanece a mi lado siempre a pesar de esto, de aquello y de lo que vendrá, a pesar de lo mío y de lo tuyo. Gracias por quererme, que es un verbo que nunca he sabido conjugar.
A todos y todas, gracias, gracias, gracias.
domingo, 14 de noviembre de 2021
Mérito
No tiene mérito nada. Ni tu título universitario, ese que daban después de cinco años de carrera en un tiempo en el que no todos podíamos estudiar ni mucho menos marcharnos desde el pueblo o desde provincias a, por ejemplo, Madrid.
lunes, 1 de noviembre de 2021
Cementerios
Para mí, el Día de Todos Los Santos ha sido tradicionalmente una jornada no laborable, de tiendas cerradas y de reportajes informativos sobre multitudinarias visitas a los cementerios. Hoy también ha sido un día así, pero no quiero que pase sin pena ni gloria, quiero grabarlo, lacrarlo en mi memoria para compensar todos esos futuros días de Todos los Santos que ya no serán como este. Quiero celebrar esta jornada porque un año más nadie espera en ningún camposanto que le lleve flores, porque todos los míos siguen conmigo.
miércoles, 28 de abril de 2021
Mudanza
“Tengo el cuerpo hecho al traslado”. Es un mantra que me acompaña casi como un soniquete desde hace ya mucho. Yo me lo inventé como resumen y también como respuesta a la dificultad de la pregunta ¿de dónde eres?, que siempre he rehuido.
Trasladarse o mudarse puede ser una especie de alzamiento pero también un movimiento suave que te lleva sin darte cuenta a otro lugar o momento. He tenido muchas mudanzas, al principio eran un cambio físico, de lugar y de personas que dejabas atrás, textualmente, a través del parabrisas de un coche cargado de maletas y alguna caja que se había salvado del camión con los enseres familiares.
Muchas casas, muchos vecinos, demasiados lugares. Eran cambios que te despojaban de todo, de un hogar del que conocías hasta el número de losas del largo pasillo, la puerta que no encajó nunca, la cocina de formica lustrada cada día por mi madre y el perchero tras la puerta del baño con el uniforme de mi padre.
Había que empezar de nuevo cada década, como mínimo. Parecía fácil y rápido que todo se ensamblara pero de aquel peregrinaje no se puede salir indemne. El reguero de amistades, de centros educativos, objetos y recuerdos que se quedan inmortalizados en una nostalgia ciega son demasiado equipaje aunque lo dejes abandonado y esparcido en cada uno de los trayectos.
No puede ser introvertida ni tímida la persona que tiene que empezar de nuevo en un ambiente desconocido y yo lo era. Mucho. No obstante, la novedad del recién llegado me abrió puertas con facilidad en algún lugar, el único del que guardo recuerdos. Todos los demás, el resto de destinos, se quedaron en pabellones fríos distribuidos en patios interiores, como una corrala fortificada bajo el lema ‘Todo por la patria’ sobre una bandera, que entonces solo te enseñaban en los libros a modo informativo y nadie enarbolaba en nombre de nada, si acaso, podías identificarla en la cima de un edificio alto, muy escasos, y sobre todo en las guirnaldas de las calles en fiestas. La bandera agitada era para los cuartos de algún mundial del que nunca salíamos bien parados.
Yo viví esos traslados. Pero todos tenemos mudanzas. Cambiarte de piso, cambiar de trabajo, cambiar de pareja, aumentar la familia... A veces te mudas sin moverte del sitio y es curioso cómo lo soportas todo, cómo tu piel se va estirando para ajustarse y cubrir cualquier circunstancia o situación. Y ya no vuelves a ser la misma persona ¿cuántos individuos pueden caber en un solo cuerpo?
No sabes qué es lo que te cambia si las personas que vienen con la mudanza o si tu propia reconversión al modificar tus costumbres y gestos para asemejarlos al nuevo hábitat. Y cambias y sufres inquietud, temor, vértigo...
Da igual la edad que tengas. Da igual si has buscado la mudanza, da igual incluso si es lo que quieres o necesitas. Llega y yo, que tengo el cuerpo hecho al traslado, lo encaro y lo asumo. Salga quien salga de ahí.